NYC = USA



New York City = USA

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 NYC=USA – Paul Auster

Todos los días durante un año, leí relatos. Los relatos eran cortos, auténticos y personales, y me los mandaban hombres y mujeres de todo Estados Unidos. El primer sábado de cada mes, reunía algunos de mis favoritos y los leía en voz alta en el programa “Weekend All Things Considered” de la radio pública nacional (RPN). Llamamos al programa “Proyecto Nacional de Relatos”, y ese año (de octubre de 1999 a Octubre de 2000) recibí más de 4000 historias. Las escribía gente que vivía en el campo y la ciudad, personas ancianas y jóvenes, gente que vivía todo tipo de vidas: granjeros y sacerdotes, amas de casa y ex soldados, hombres de negocios y médicos, carteros y lectores de contadores, un reparador de pianos, un conductor de trolebús y varios presos en diversos centros penitenciarios.

Desde el principio, observé una tendencia clara y sorprendente. La única ciudad de la que la gente quería hablar era Nueva York. No solo los neoyorquinos, sino personas de todo el país, algunas de las cuales habían vivido aquí en el pasado y se lamentaban de haberse ido, algunas de las cuales solo habían venido una vez. En casi cada uno de sus relatos, Nueva York no era simplemente el telón de fondo de los acontecimientos que se contaban, era el tema de la propia historia. La loca Nueva York, la inspiradora Nueva York, la iracunda Nueva York, la fea Nueva York, la hermosa Nueva York, la imposible Nueva York: Nueva York como el espectáculo definitivo de nuestro tiempo. Estados Unidos ha tenido una relación tormentosa e incluso antagónica con nuestra ciudad a lo largo del tiempo, pero para una asombrosa cantidad de gente que vive en Michigan, Maine y Nebraska, los cinco barrios son la viva encarnación de lo esencial de Estados Unidos:diversidad, tolerancia e igualdad bajo la ley. Nueva York es la única de las ciudades de Estados Unidos que es mas que un lugar o una aglomeración de gente. También es una idea.

Creo que esa idea tomó forma cuando el poema de Emma Lazarus se añadió al pedestal de la estatua de la libertad. La intención original de la efigie gigante de Bartholdi era un monumento a los principios del republicanismo internacional, pero “El Nuevo Coloso” reintentó el propósito de la estatua, convirtiendo la libertad en una madre que da la bienvenida, un símbolo de la esperanza para los marginados y pisoteados el mundo. Nueva York ha seguido representando el espíritu de ese mensaje e incluso hoy 116 años después de la inauguración de la estatua, nos definimos como ciudad de inmigrantes. Con un 40 % de la población nacido en países extranjeros somos una muestra representativa del mundo entero. Es un revoltijo étnico densamente poblado, y el potencial para el caos es enorme. Nadie argumentaría que no nos atormentan múltiples problemas, pero, cuando piensas en lo que las diferencias étnicas le han hecho a ciudades como Sarajevo, Belfast y Jerusalem, Nueva York se destaca como un ejemplo brillante de paz y orden cívicos.

Los ataques criminales al World Trade Center en Septiembre pasado se interpretaron correctamente como un asalto a Estados Unidos. Los neoyorquinos también pensaban eso, pero fue nuestra ciudad la que resultó golpeada e, incluso mientras luchábamos por comprender el odioso fanatismo que podía producir la muerte de 3000 personas inocentes, vivimos ese día como una tragedia familiar. La mayoría de nosotros pasamos a un estado de duelo intenso y nos arrastramos los días y meses siguientes sepultados por una sensación de dolor comunal. Estuvo muy cerca de todos nosotros y dudo que haya un solo neoyorquino que no conozca a alguien que no perdiera al menos un amigo o pariente en el ataque. Calcula las cifras y los resultados son asombrosos. 3000 personas ademas de su familia inmediata, su familia lejana, sus amigos, sus vecinos y sus compañeros de trabajo, y de repente estas hablando de millones.

El pasado 11 de Septiembre fue uno de los peores días de la historia de los Estados Unidos, pero el espantoso cataclismo que ocurrió esa mañana también fue una oportunidad para una reflexión profunda, un momento para que todos nos detuviéramos y examinarámos que éramos y en que creíamos. Casualmente, pasé mucho tiempo de viaje el otoño pasado, presentando con Jackie Lyden de la RPN actos vinculados a la antología del “Proyecto Nacional de Relatos”, creía que mi padre era Dios. Viajamos de Boston a San Francisco, pasando por el territorio intermedio, y en cada ciudad los colaboradores del libro leían sus relatos ante un público numeroso y atento. En esos viajes, hablé con decenas de personas, quizá cientos, y casi todas me dijeron lo mismo. después del 11 de Septiembre, estaban evaluando los valores de nuestro país, intentado ver que nos separa de la gente que nos atacó. casi sin excepción, la palabra que todos usaron era “Democracia”. Ese es el credo básico de la vida estadounidense: la creencia en la dignidad del individuo, una aceptación tolerante de las diferencias culturales y religiosas. Al margen de la frecuencia con que fracasemos a la hora de estar a la altura de esos ideales, eso es lo mejor de Estados Unidos: los principios que son una realidad constante y diaria en Nueva York.

Ha pasado un año. Cuando la administración Bush lanzó su guerra contra el terror e invadió Afganistan, en Nueva York seguíamos ocupados contando a nuestros muertos. Observamos horrorizados como se limpiaban poco a poco las ruinas humeantes de las torres, asistimos a funerales con ataúdes vacíos; lloramos. Incluso ahora, cuando la situación internacional se vuelve mas peligrosa, nos preocupa sobre todo el debate acerca de como construir un monumento conmemorativo adecuado para las víctimas del ataque, intentado resolver el problema de la reconstrucción de esa zona devastada de nuestra ciudad. Nadie lamenta que el régimen talibán haya sido desalojado del poder pero cuando hablo con otros neoyorquinos estos días, apenas oigo otra cosa que decepción por lo que ha hecho nuestro gobierno. Solo una pequeña de neoyoquinos votó a George W. Bush, y la mayoría tendemos a mirar sus políticas de manera sospechosa. Sencillamente no es lo bastante democrático para nosotros. El y su gabinete no han alentado un debate abierto sobre los problemas que afronta el país. Mientras la prensa habla de una inminente invasión de Irak, crecientes cantidades de neoyorquinos se han vueltos aprensivos. Desde el privilegiado punto de vista que ofrece la Zona Cero parece que se fabrica una catástrofe global. No hace mucho, recibí en el correo, una revista de poesías con una portada que decía “NYC fuera de USA”. No todo el mundo querría ir tan lejos pero en las últimas semanas he oído a varios amigos hablar con gran sinceridad y entusiasmo de la posibilidad de que Nueva York se separe de la Unión y se convierta en una ciudad Estado independiente. Eso nunca ocurrirá, por supuesto, pero tengo una sugerencia práctica. Puesto que el presidente Bush nos ha contado reiteradamente lo mucho que le desagrada Washington, porque no viene a vivir a Nueva York ?. sabemos que no siente un gran amor por este lugar, pero, al trasladarse a nuestra ciudad, podría aprender algo del país que intenta gobernar. Podría enterarse, pese a sus reservas, de que somos el verdadero corazón del país.

 

31 de Julio del 2002 – Paul Auster
 
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